Para contarlo

21 de abril de 2010 | Por | Categoría: Viajes

por Sonia Almau

Se cuenta que Luis Miguel Dominguín, tras la primera noche de amor con Ava Gadner, se levantó de la cama y ella le preguntó: “¿A dónde vas?”, “¡A contarlo!”, dijo él. “A dónde iba a ir….?”, digo yo.

Porque si no lo contamos no ha sucedido. Es lo que pasa cuando uno va a un lugar y vuelve, que si a la vuelta no lo cuenta, entonces no ha estado nunca, si al volver se vuelve uno a ensartar en la rutina, como si nada, entonces no ha pasado nada. Así que vamos a contar la maravilla de los días allí, que son, más que sucesos, imágenes envueltas por otro aire, por uno fresco, uno casi ensoñado, – porque no lo habitamos, lo visitamos -, un aire que ahora se va esfumando a nuestra espalda desde esa ciudad que respira tan en voz alta, tan en altavoz, una ciudad-animal que ruge en todas las direcciones: Hemos cabalgado sobre Berlín, a ratos con montura, a ratos a pelo.

Entonces por las mañanas, en aquel patio trasero, de desayuno las lecciones, de historia, de arquitectura, de hombres y mujeres, y para bajarlo, los paseos, hacia este lado este y hacia el otro oeste, y que si esto y lo otro, que si antes era así y mirad ahora, y todos boquiabiertos, atentos al partido de ping-pong, atentos a Thomas, atentos a Andreas, y así, a uno y a otro, sin cansancio, atentos, como si importara, – porque importaba -, y entonces que ¿qué os parece?, ¡oh, bien, nos parece muy bien, nos parece admirable, emocionante, electrizante, sobrecogedor, conmovedor, espeluznante y atrayente, nos parece muy impregnante!, y ahora que lo sabemos podemos olvidarlo – nos decíamos-, así que por las tardesnoches lo olvidábamos, o casi, pero Berlín no, Berlín era por las tardesnoches lo que es por no haber olvidado nada, un animal, y nosotros los jinetes, y así es como sin darnos cuenta ocurrió la magia, que lo que era singular, lo que éramos, muchos singulares, empezaba a convertirse en un plural, que es lo que desde entonces somos, porque desde que estuvimos, vimos, escuchamos, comimos, paseamos, reímos, bailamos y bebimos juntos, desde entonces éramos y somos tropel, armonioso y anárquico tropel.

Pero todo esto ya lo sabíamos nosotros, los viajados, porque de natural desde entonces nuestros gestos son cómplices. Lo que ahora importa es que vosotros también lo sabéis.

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One Comment to “Para contarlo”

  1. bsaez dice:

    Es una foto genial!

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