Perdición

21 de marzo de 2010 | Por | Categoría: Cine

PERDICIÓN

por Óscar San Martín.

He visto Perdición (Billy Wilder, 1944) dos o tres veces en mi vida, no recuerdo exactamente, y sigue siendo una de mis películas favoritas.

En mi opinión, hay varias razones para verla: para empezar, Edward G. Robinson, que hace un papel excepcional de investigador de fraudes de una compañía de seguros. Si lo vemos en Cayo Largo (John Huston, 1947), podemos pensar que con esa cara sólo puede hacer de gangster, pero lo vemos como un pobre hombre engañado por una mujer fatal en Perversidad (Fritz Lang, 1945), como detective en El Extraño (Orson Welles, 1946) o como premio Nobel de física en El Premio (Mark Robson, 1963). Además, la idea del enanito que no le deja comer cuando olfatea el peligro, siempre me ha parecido excelente, aunque la confianza que tiene en MacMurray, el protagonista, no le deja acertar con el asesino, algo que Billy Wilder retomará años después en La vida privada de Sherlock Holmes (1970), sólo que en este último caso será el amor y no la amistad (o lo más parecido a la amistad que vemos en esta película absolutamente negra), lo que ofusque temporalmente al detective.

Por otro lado, tenemos al dúo protagonista, un Fred MacMurray perfecto en su papel de agente de seguros sin escrúpulos, y una Barbara Stanwyck que se convertirá, a partir de esta película, en una de las mejores (peores, hablando moralmente) mujeres fatales del cine negro.

También los diálogos, por ejemplo el que se desarrolla en la escena en que se conocen los protagonistas, justo después de que MacMurray se vaya insinuando a Stanwyck. Dice, más o menos: “Stanwyck: Venga mañana a las ocho y media, estará él / MacMurray: ¿Quién? / Stanwyck: Mi marido, quería verle, ¿no? / Mac: (mirándola fijamente) Se me están quitando las ganas / Stan: En este estado hay un límite de velocidad, 70 Km/h / Mac: ¿Y a cuánto iba yo, agente? / Stan: Yo diría que a 90 / Mac: ¿Y por qué no se baja de la moto y me pone una multa? / Stan: Lo dejaré en amonestación por esta vez.” Sinceramente, me parece un diálogo difícil de superar.

Habría que añadir la intriga, la forma en que se desarrolla la trama, la imagen en blanco y negro con luces y sombras muy acentuadas, característica esencial del cine negro, las miradas de Barbara Stanwyck cuando ve que sus planes se van concretando, el último cigarrillo de Fred MacMurray…

En definitiva, una extraordinaria película que no baja el ritmo en ningún momento y que muestra el lado sórdido del ser humano sin reparos, junto con pequeños detalles visuales que se te quedan en la retina, como la forma que tiene MacMurray de encender las cerillas, por poner un caso. La crítica es corrosiva, hasta el punto de que estuvo censurada durante varios años, algo que no me extraña teniendo en cuenta cómo pone al director de la compañía cuando se quiere inmiscuir en las investigaciones de Robinson (de botarate directamente).

Como me estoy extendiendo demasiado, creo, no voy a contar el argumento, pues la película se cuenta por sí sola. Termino diciendo que para Woody Allen es la mejor película de la historia. Sé que es una opinión subjetiva y discutible, pero me parece muy válida viniendo de quien viene.

Una breve anécdota para terminar. Hitchcock sale entusiasmado del cine y dice: “Ahora mismo las dos palabras más importantes del cine son: Billy Wilder”.  



Deja un comentario