El cisne negro

21 de abril de 2011 | Por | Categoría: Cine

Por José M.  Sánchez
Con el fondo musical del Lago de los Cisnes de Tchaikovsky, Darren Aronofsky ha construido su Cisne Negro, una película que al final de la misma uno no sabría si encuadrarla en un genero musical, dramático, de suspense o, en algunos momentos, de terror. Haber hay para todas las interpretaciones.
Si hubiera que destacar algo por encima de todas las demás cosas, desde un punto de vista personal, señalaría que el director ha querido realizar un juego psicológico en el que ha tratado de manejar a personajes y espectadores, como si se tratase de un gran guiñol en el que pudiese manipular todas las cuerdas con las infinitas manos de su imaginación.
A lo largo de la película he podido observar como se confunden los planos del pasado y del presente, de la realidad y de la ficción, de los sueños y del poner los pies en la tierra mediante un corte brusco y acerado en el orden de las secuencias.
La gran parábola o la metáfora del cisne negro empieza a jugar con el espectador cuando este todavía no se ha acomodado en la butaca. La lucha del bien y del mal, la moraleja tradicional de mitos, leyendas, cuentos y narraciones, también se asoma a la atmósfera de la película que no puede evitar la tentación de escribir, con notas de pentagrama, las consecuencias de los amores no correspondidos y de cómo la locura, abonada o provocada por el desamor, puede conducirnos a soluciones fatales.
El lenguaje del director es perfecto. No le hace falta recurrir ni al diálogo ni a la descripción verbal para lograr una comunicación perfectamente entendible e identificable a base de imágenes, acordes, melodías, gestos y actitudes.
Nina (Natalie Portman) es una protagonista totalmente creíble que desde su atormentada presencia conecta con el espectador y lo lleva a su mundo, metiéndolo en los ensayos compulsivos, en sus desequilibrios emocionales, en sus luchas personales e íntimas. La paranoia se hace contagiosa y la angustia trasciende por encima de las imágenes. “La única persona que se interpone en tu camino eres tú misma”, le dice Thomas Leroy (Vicent Cassel) a Nina en un intento de sacar de su interior el cisne negro que sólo es capaz de aflorar a la superficie cuando, convencida de haber matado a Lily (Mila Kunis), vuela impulsada por la libertad que le ha dado el haber roto con todas las barreras y todos los tabúes.

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